Chico y cangrejo
Amigos de muchos años, pareja
inseparable, borrachos empedernidos, más de ochenta años de amistad, con
rutinas de vida similares, con gustos parecidos y amores compartidos, con
fidelidad enfermiza y con impresionantes anécdotas amorosas y de cantina, trabajadores
hasta sus últimos dias, no se amilanaron ante la adversidad, separados e
incomunicados por la distancia durante un tiempo, ninguno de los dos sabe de
tecnologías que les llaman modernas, mucho menos usar un teléfono o usar un
control remoto para ver la absorción mediática televisiva.
Sea cierto o no, por la
nefasta influencia de los amigotes de la aldea, empezaron a rendirle pleitesía
a un dios del cual no habían oído hablar, Baco, dios del vino, la cusha, el
guaro, y cuanta bebida fermentada que haga olvidar los desaires del amor y la
responsabilidad, una bebida que hace sentir bien hasta el más incrédulo, fue
tal la entrega al servicio de este húmedo culto, que cayeron en brazos del
Ángel Caído, sin intención preconcebida más que por la pura curiosidad y placer.
Ni el Ángel de la Guarda los pudo librar de tanta exquisitez mundana y de mucho
placer momentáneo, aunque al otro día le pidieran al santo de su niñez para que
les aminorara la cruda irreverente, irrespetuosa e hiriente.
Claro que a la par del dios
Baco, y muy íntimamente ligado a éste,
existen otros dioses, como Eros, el dios de la atracción sexual y la
fertilidad, Venus la diosa del amor, la belleza y la fecundidad, cuando tenían
este tipo de encuentros pseudoamorosos, con la goma se recrudecía el miedo a
que ese día del intercambio de fluidos, se haya dado la fecundidad por aquello
de la fertilidad, también les visitó Himeneo, el dios griego del matrimonio,
aunque bajo estas circunstancias fueron presa fácil del manipuleo y la
intimidación del poder y desamparo femenino.
Debido a este culto
politeísta, sucumbieron al fracaso, el orgullo y la persistencia en continuar
justificando su existencia del amor a varios dioses.
Chico dejó hijos por doquier,
pero de ninguno se hizo cargo, aunque afirma que dentro de su irresponsabilidad
ha sido un hombre muy responsable, trabajador, de buenos modales, amigable y
ayuda a quien puede y a quien no, tampoco le hace daño, alejado de las
aglomeraciones, le gusta llegar a donde venden bebida de los dioses, se lleva
uno o dos en la panza y otro en la bolsa por si más tarde se le antoja.
A Chico le gusta tanto la
bebida que tiene su propio protocolo de eliminación de la cruda: levantarse
temprano, bañarse, cambiarse de ropa, desayunar lo que haya, dejar que baje la
comida, buscar a cangrejo, si no está, irse solo al expendio más cercano de
bebidas fermentadas, tomarse un alipús de a octavo de un solo pijazo, comprar
otro, echárselo en la bolsa, pedir una bolsita de sopa de fideos con pollo y
una yema, llevarlo a la casa, mejor si se lleva un tomate y una cebolla, dormir
un rato, levantarse para el almuerzo, cocer la sopa en una ollita, echarle la
yema, picarle la cebolla y el tomate, hervir unos minutos, sacar, tomar
caliente, acompañar con tortillas del comal y destriparle un chiltepe,
recostarse a escuchar los sonidos de la naturaleza, esperar que baje la comida,
tomarse el octavito que se llevó para la casa, descansar, dormir, y ya no salir
de la casa para nada, sino se jode uno otra vez y a iniciar la misma
chingadera, según confiesa.
Cangrejo fue un poco más fiel,
pero afirma que por eso llenó de hijos a su mujer y la convirtió en una
criandera perenne, un hombre callado, de sonrisa tímida picaresca, pareciera
que tiene miedo a hablar, quizá por eso no fue tan bendecido por Eros como él
hubiera deseado, siempre le gustaron sus tranquilinos, mayormente acompañado de
amigos, aunque él no participa de las conversaciones, con Chico se pueden echar
unas diez cervezas e intercambiar solamente cinco palabras.
Pasaron los años, las
enfermedades llegaron para quedarse, lo único que le piden al Dios universal
que les dé un poco de salud, que les permita salir a divertirse como ellos lo
saben hacer, a echarse un su tapiscuinazo, un chanfirolazo, un alipuz, a
aplicarse una dosis de calmante corporal, un venadril o una envueltita, un
vaciado, un preparado, eso sí con bocas de tortilla tiesa con sabor a barbacoa
o picante.
Todavía son motivo de
admiración Chico y cangrejo, son grandes amigos y compañeros, si pueden todos
los días, todos los días se aplican su dosis de guarumo, sino hay pisto para
bocas y agua, se lo zampan puritano, como cuando iniciaron esta noble labor.
Tienen su particular oración:
“sangre de cristo, no te había visto, por falta de pisto”, jajajajajaja, salud.
Escrito por Julio Arnoldo Roldán
Martínez