martes, 7 de abril de 2026

TU HIMNO, NO ES LETRA VACÌA

 

TU HIMNO, NO ES LETRA VACÌA

Guatemala se está hundiendo en un mar de tristeza y desolación, hasta su himno perdió colorido y motivación, ya no es una “Guatemala feliz…!”, la esclavitud moderna está presente en los ámbitos de los más desposeídos, quienes tienen el poder político, social y económico, son los tiranos que escupen su faz.

 

La invasión extranjera ya no es una amenaza, es una realidad, nuestra dignidad está entredicho, nos convertimos en méndigos pedigüeños, queremos que todo nos lo regalen a pesar de tener tantos recursos para ser autosuficientes y compartir.

 

Cuando este pueblo luchaba por una vida digna, a vencer o a morir, la bandera se veía hermosa, el pueblo se levantaba y exigía sus derechos, se perdió la capacidad de enaltecer y la bandera perdió su lucidez.

 

Una sociedad que adora la esclavitud con el pretexto de proteger la vida, está atada a las viejas y duras cadenas que cada día son más fuertes, se acobardó la espada que salva el honor.

 

Los antepasados lucharon tratando de colocar a la patria en un trono de amor, dieron su vida por un ideal redentor, hoy han de estar decepcionados de nosotros por no ser un grupo liberador.

 

Los saqueadores de turno en su ciega locura de poder, constantemente manchan los colores de la patria y sus hijos dejaron de ser valientes escudándose que veneran la paz y son medrosos ante la ruda pelea para defender la tierra y el hogar.

 

La patria dejó de ser ese altar, se perdió el honor, se tomó la actitud del quetzal, huir antes de enfrentar aun sabiendo que está en peligro su existencia, en espera que remonte su vuelo más que el cóndor y el águila real, que no es más que una falsa ilusión,  el pueblo ya no lucha, prefiere esconderse en su nido aun cuando autoridades y titiriteros se burlen en su propia nariz, ojalá que  Guatemala resurja  a pesar que sus hijos están en proceso de castración social.

 

Sólo la dignidad y la lucha hará que Guatemala mantenga su nombre inmortal.

Escrito por Julio Arnoldo Roldán Martínez

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