RESUMEN, ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN
De Julio Arnoldo Roldán Martínez
Capítulo I
DE QUE VA LA ETICA
“Como nadie es capaz de saberlo todo, no hay mas remedio que elegir y aceptar con humildad lo mucho que ignoramos”1
Se hace el intento de ubicar al ser por su forma de vivir, y no por su forma de ser, lo imprescindible para sobrevivir y lo importante para vivir mejor.
El ser humano como ser biológico sabe perfectamente lo que es bueno y lo que es malo, sin embargo por mucha programación biológica que se tenga, siempre se puede optar por algo que no esté en el programa, es decir, hay libertad para el “sí” y el “no” o el quiero o no quiero.
De ahí que no somos libres de elegir lo que nos pasa, pero si responder a lo que nos pasa de uno u otro modo.
Se es libre de intentar algo, no de lograrlo ya que no es lo mismo libertad que omnipotencia, pero cuanta mas capacidad de acción se tenga, mejores resultados se obtendrán, ya que los seres humanos somos los únicos seres vivos de inventar y elegir, y por lo tanto susceptibles de equivocarnos.
El autor denota autoritarismo en cuanto a inducir al lector a creer a ciegas lo que el cree por lo que falta a la ética de libertad, aunque lo sugiera subliminalmente, de ahí que crea cierta incomodidad en el lector y por ende cierto rechazo a las posiciones, aunque suenen lógicas.
ORDENES, COSTUMBRES Y CAPRICHOS
Sin embargo, las forma de conducción humana tiene sus motivos, y dichos motivos mueven al ser humano o es la razón que se tiene o se cree tener para explicar aceptablemente la conducta a seguir o seguida, cuando se reflexiona sobre ella.
A los motivos en sus diferentes acepciones, tienen un nombre conceptual especifico, es entonces cuando se establecen diferencias como las siguientes:
Si te mando a que hagas tal o cual cosa, el motivo es una ORDEN. En otras ocasiones el motivo es hacer siempre lo mismo en forma repetitiva y muchas veces sin pensar, o es un comportamiento habitual de todos los semejantes, por lo que se le llama COSTUMBRES. En otros casos el motivo parece ser la ausencia de motivo, es decir se hace por pura gana de hacerlo sin hacer mas análisis que la intención por hacerlo, a este tipo de comportamiento de le llama CAPRICHO.
Los motivantes convertidos en ÓRDENES, COSTUMBRES o CAPRICHOS, son motivos que inclinan la conducta en una dirección u otra, ofrece más o menos una explicación oproximada de la preferencia del evaluado, por hacer lo que hace frente a muchas otras cosas que podría hacer.
Las ordenes y costumbres tienen una cosa en común: parece que vienen de fuera que se impone sin el permiso debido. En cambio, los caprichos salen de dentro, brotan espontáneamente sin que nadie los mande y muchas veces originales.
Si se le preguntara al ser humano, cuando es mas libre, si cumpliendo ordenes, siguiendo costumbres o haciendo su capricho, seguramente diría que haciendo caprichosamente lo que quiera ya que el capricho es más personal y no depende de nadie mas que de si mismo.
Lo importante es que el ser humano tiene amplias facultades para aceptar en determinado momento y de acuerdo a las circunstancias, y el tipo de posición en que se encuentre tiene la ventaja de aceptar ordenes, de mantener las costumbres o de hacer su capricho, no olvidar que todo es relativo y depende mucho de la formación social, intelectual y humana que se tenga para poder distinguir claramente dentro de este tipo de motivantes que todos los humanos tenemos.
HAZ LO QUE QUIERAS
La mayoría de las cosas se hacen porque se les manda a hacerlas, o por que se acostumbra como una rutina, o por presión exterior o interior, o muchas veces porque son un medio para conseguir lo que se quiere.
La ética precisamente se ocupa del asunto de la libertad. La libertad de decir si, decir no según sea la conveniencia de la persona que determina hacerlo, lo hago, no lo hago no existe el dilema sino la libertad, lo importante es darse cuenta de la consecuencia de decirlo o hacerlo inclusive si la decisión es errada a los ojos de los demás, pero algo muy importante es la comprensión de hacerlo o decirlo.
Muchas veces se tienen ganas de hacer cosas que en seguida se volverán contra sí, es decir el efecto “bumerang” lo que provoca arrepentimiento y por lo tanto se convierte en conflicto interno cuando menos, y mas valdría no convertirse en conflicto externo.
En asuntos sin importancia, el capricho puede ser aceptable pero cuando se trata de situaciones trascendentales dejarse llevar por el capricho, sin reflexionar lo conveniente o no de la actitud, puede ser hasta peligroso, por lo que el capricho puede ser la mayor limitación ha hacer lo que se quiere.
Se tendría que ser un idiota completo si se quisiera llevar la contra a todas las ordenes y a todas las costumbres asi como también a todos los caprichos, porque pueda ser que en algún momento sean convenientes sin entrar a calificar de bueno o malo, ya que una orden no puede ser buena solamente porque es orden, o una costumbre o un capricho, sin embargo se tiene la libertad de decidir una vez sea coherente la decisión.
En vista de las consecuencias de una u otra decisión, no hay mas remedio que ser “ser humano” y pensar mas de dos veces lo que se hace y entre mas se medite lo que se piensa hacer es mejor, aunque no se asegure el éxito de la decisión pero si se minimiza la posibilidad del fracaso.
Algo sumamente importante es el hecho que las normas de conducta aceptadas por la mayoría no necesariamente son las mejores, pero son lo mas parecido a una buena conducta y quien las abrogue como propias tiene que tener la capacidad de saber que inclusive puede tener su castigo.
Para unos, ser bueno significaría ser resignado y paciente, pero otros llamarán bueno a la persona emprendedora, original, que no se acobarda a la hora de decir lo que piensa aunque pueda molestar a alguien.
Es decir que etiquetar al ser como malo o bueno es un poco complicado, ya que a veces no se sabe para que sirven los seres humanos.
Se puede ser bueno, dependiendo de las opiniones que juzgan los comportamientos y las circunstancias en que se desarrollen las acciones.
Como no nos podemos aislar de las órdenes, de las costumbres o de los caprichos, es mejor tratar de encontrar un balance en las decisiones tomadas y estar claro que todo, pero absolutamente todos los caminos que se tomen llevan a algún lugar, que en ética son las consecuencias, es decir haz lo que quieras pero atente a sus consecuencias.
DATE LA BUENA VIDA
No se trata de perder el tiempo, sino de vivirlo bien. La aparente contradicción que encierra ese “haz lo que quieras” no es sino un reflejo del problema esencial de la libertad misma: y sabemos que no somos libres de no ser libres, que no se tiene mas remedio que serlo. Pero muchos se hartan de ser libres y optan por convertirse en sumisos y obedientes aun sabiendo que se les está pisoteando y vilipendiando.
A veces los seres humanos queremos cosas contradictorias que entran en conflicto unas con otras. Es importante ser capaz de establecer prioridades y de imponer cierta jerarquía entre lo que de pronto me apetece y lo en el fondo, a la larga quiero.
La vida está hecha de tiempo, nuestro presente está lleno de recuerdos y esperanzas, nuestro futuro incierto e intrigante.
Si se te ordena hacer lo que quieras, lo primero que te parece oportuno hacer es que pienses con detenimiento y a fondo que es lo que quieres. Sin duda te apetecen muchas cosas, a menudo contradictorias, como le pasa a todo el mundo: quieres tener moto pero no quieres que te pase un accidente, quieres tener amigos pero sin perder la independencia misma, quieres tener dinero pero respetando al prójimo y no pasar por sobre su dignidad, quieres saber muchas cosas y por ello quieres estudiar y leer pero también quieres divertirte y no sabes si la diversión le quita tiempo al estudio, o estudiar le quita el tiempo a la diversión, quieres vivir libremente pero quieres que te ayuden cuando tu libertad te los provoca.
La ética no es más que el intento racional de averiguar como vivir mejor. Creo que vale la pena interesarse por la ética para vivir mejor. La ética como tal ayuda a convivir con los semejantes, al fin y al cabo, Ser humano consiste principalmente en tener relaciones con los otros seres humanos. Las cosas pueden ser bonitas y útiles, los animales (algunos) resultan ser simpáticos, pero los seres humanos lo que queremos ser es humanos, porque eso de la humanidad depende mucho de lo que los unos hacemos con los otros.
El mundo en el que vivimos los humanos es un mundo lingüístico, una realidad de símbolos y leyes sin la cual no sólo seríamos incapaces de comunicarnos entre nosotros, sino también de captar el significado de lo que nos rodea. Por eso hablar a alguien y escucharle es tratarle como una persona, por lo menos empezar a darle un trato humano. Para que los demás puedan hacerme humano, tengo yo que hacerles humanos a ellos; si para mi todos son como cosas o bestias, yo no seré mejor que una cosa o bestia tampoco. Por eso darse la buena vida no puede ser algo muy distinto a dar la buena vida.
La capacidad de prestarse atención a uno mismo nos dará la capacidad necesaria de prestar atención a los demás, esto implica que nos debemos sentir a gusto consigo mismo para poder relacionarse con los demás. Asi que adelante y a dar y darse la buena vida.
¡DESPIERTA, BABY!
Es bueno darse cuenta que las cosas que tenemos, también ellas nos tienen a nosotros en contrapartida: lo que poseemos nos posee, de ahí porque el apercibimiento de atesorarnos por cosas materiales, y desde luego la envidia y el egoísmo de compartir.
Pero es bueno que las cosas se usen mientras sirven y luego se tiran, por lo que la posesión es transitoria, entonces ¿por qué la envidia? El dinero por su parte, sirve para casi todo y sin embargo no puede comprar la verdadera amistad (a fuerza de dinero se consigue servilismo, compañía de gorrones o sexo mercenario, pero nada más).
No conseguiremos así ni amistad, ni respeto, ni mucho menos amor. Ninguna cosa (ni siquiera un animal, porque la diferencia entre su condición y la nuestra es demasiado grande) puede brindarnos amistad, respeto, amor, etc. en resumen, esa complicidad fundamental que sólo se da entre iguales y que a ti o a mí que somos personas, no nos pueden ofrecer más que otras personas a la que tratemos como a tales. Al tratar a las personas como personas y no como a cosas, estoy haciendo posible que me devuelvan lo que sólo una persona puede darle a otra.
A veces uno puede tratar a los demás como a personas y no recibir más que roces, traiciones o abusos, pero al menos contamos con el respeto de una persona, aunque no sea mas que una: nosotros mismos. Al no convertir a los otros en cosas, defendemos por lo menos nuestro derecho a no ser cosas para los otros.
Los demás desde afuera pueden envidiarle a uno y no saber que en ese mismo momento nos estamos muriendo de cáncer. Precisamente la ética lo que intenta es averiguar en qué consiste en el fondo, más allá de lo que nos cuentan o de lo que vemos en los anuncios de la tele, esa dichosa buena vida que nos gustaría vivir intensamente.
A las cosas hay que manejarlas como a cosas y a las personas hay que tratarlas como personas: de este modo las cosas nos ayudarán en muchos aspectos y las personas en uno fundamental, que ninguna cosa puede suplir, el de ser humanos. Peor se puede ser humano-cosa o humano-humano, humano simplemente preocupado en ganarse las cosas de la vida –todas las cosas, cuanto más cosas, mejor- y humano dedicado a disfrutar de la humanidad vivida entre ¡personas!. Por favor no te rebajes; deja las rebajas a los grandes almacenes, que es lo suyo.
Se puede ser listo para los negocios o para la política y un solemne burro para cosas más serias, como lo de vivir bien o no.
La primera e indispensable condición ética es la de estar decidido a no vivir de cualquier modo: estar convencido de que no todo da igual aunque antes o después vayamos a morirnos.
Comprender porque ciertos comportamientos nos convienen y otros no, comprender de qué va la vida y qué es lo que puede hacerla “buena” para nosotros los humanos.
Despierta baby, despierta baby, tu vida puede ser la mas grande dicha y felicidad o el mas grande infierno, pero tampoco hay que vivir por vivir sin dejar huella por el mundo y solamente haber sido un número estadístico más.
APARECE PEPITO GRILLO
Si el imbècil cojea no es de los pies, sino del ánimo: es su espíritu el débil y el cojo, aunque su cuerpo pegue brincos de excelente. Para darnos una idea, presentamos una gama de imbèciles que bien se pueden encuadrar en las siguientes tipificaciones.
i. El que cree que no quiere nada, el que dice que todo le da igual, el que vive siempre bostezando o en siesta permanente, aunque tengan los ojos abiertos y no ronquen.
ii. El que cree que lo quiere todo, lo primero que se le presenta y lo contrario de lo que se le presenta; es decir marcharse y quedarse, bailar y estar sentado, masticar ajos adornados con ensalada de cebolla y dar besos sublimes y apasionados, todo a la vez.
iii. El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo. Imita lo que primero se le presente o le lleva la contraria, se apega siempre a la opinión de la mayoría, es conformista sin reflexión o rebelde sin causa.
iv. El que sabe que quiere y sabe lo que quiere y, mas o menos, sabe porque lo quiere, pero sin mucho esfuerzo, flojito, al fin de cuentas termina haciendo siempre lo que no quiere y dejando lo que quiere para mañana, para saber si al otro día se siente bien para hacerlo o está en sintonía con lo que va hacer.
v. El que quiere con fuerza y ferocidad y elabora planes excelentes y convincentes (hasta el mismo se lo cree), pero en el fondo el se ha engañado asi mismo sobre lo que realmente es y cuando despierta termina confundiendo la vida con la realidad soñada.
Todo este tipo de imbèciles necesita bastón, es decir, necesitan apoyarse en cosas de fuera, ajenas, que no tienen nada que ver con la libertad y la reflexión propias. Los imbèciles son peligrosos, porque son mayoría y los países se rigen por lo que determinan las mayorías.
Lo contrario de ser moralmente imbècil es tener conciencia. Para lograr tener conciencia hacen falta algunas cualidades innatas, como para apreciar la música o disfrutar el arte. ¿En qué consiste esa conciencia?, veamos algunos rasgos:
i. Saber que no todo da igual porque queremos realmente vivir y además vivir bien, humanamente bien.
ii. Estar dispuestos a fijarnos en si lo que hacemos corresponde a lo que de veras queremos o no.
iii. A base de práctica, ir desarrollando el buen gusto moral, de tal modo que haya ciertas cosas que nos repugne espontáneamente hacer.
iv. Renunciar a buscar coartadas que disimulen que somos libres y por tanto razonablemente responsables de las consecuencias de nuestros actos.
¿Por qué está mal lo que llamamos “malo”?, simplemente porque no le deja a uno vivir la buena vida que queremos, pero hay una enfermedad seria, contagiosa, incurable (si no hay voluntad), que sí se puede tipificar como un “mal” de la personalidad que lo hace inclusive totalmente infeliz, esta es el “egoísmo”.
Se llama egoísta a quien sólo piensa en sí mismo y no se preocupa por los demás, hasta el punto de fastidiarles tranquilamente sin que con ello obtengan beneficio alguno. Pero.... ¿son tan egoístas como parece estos egoístas?, ¿Quien es el verdadero egoísta?, es decir: ¿quién puede ser egoísta sin ser imbècil?. La respuesta es obvia: el que quiere lo mejor para si mismo. Solamente deberíamos llamar egoísta consecuente al que sabe de verdad lo que le conviene para vivir bien y se esfuerza por conseguirlo.
Lamentablemente todos los egoístas terminan con remordimientos, pero... ¿de donde vienen los remordimientos?, pues vienen de nuestra libertad; si no fuéramos libres, no podríamos sentirnos culpables de nada y evitaríamos los remordimientos. Por eso cuando sabemos que hemos hecho algo vergonzoso procuramos asegurar que no tuvimos otro remedio que obrar así, que no pudimos elegir, que solamente cumplimos ordenes, que perdimos la cabeza, que mis impulsos son mas fuertes que yo, que no me di cuenta de lo que hacía, etc.
De modo que lo que llamamos remordimiento no es más que el descontento que sentimos con nosotros mismos cuando hemos empleado mal la libertad, es decir, cuando la hemos utilizado en contradicción con lo que de veras queremos como seres humanos. Y ser responsable es saberse auténticamente libre, para bien y para mal: aceptar sin reproches las consecuencias de lo que hemos hecho, enmendar lo malo que pueda enmendarse y aprovechar al máximo lo bueno.
Todos los que quieren dimitir de su responsabilidad creen en lo irresistible, aquello que acepto sin remedio, que me avasalla, sea propaganda, droga, apetito, soborno, amenaza, forma de ser, etc. muchas veces echándole la culpa al tiempo en que vivimos, a que es por el tiempo que pasan las cosas, que otros tiempos fueron mejores, etc.
Nadie ha vivido nunca en tiempos completamente favorables, en los que resulte sencillo ser hombre o mujer, y llevar una buena vida. Siempre ha habido violencia, rapiña, cobardía, imbecilidad (moral y de la otra), mentiras aceptadas como verdades porque son agradables de oír... A nadie se le regala la buena vida humana ni nadie consigue lo conveniente para él sin coraje y sin esfuerzo: por eso virtud tiene su raíz etimológica de “vir”, que completa la palabra virilidad. El tipo responsable es consciente de lo real de su libertad y de su virilidad. Virilidad es obrar bien, y si obro bien frecuentemente cada vèz se me hará difícil obrar mal, (y al revés por desgracia): por eso lo ideal es ir tomando el vicio de vivir bien.
PONTE EN SU LUGAR
Si embarga todos los humanos aceptamos los criterios destinados a justificar qué es aceptable y qué es horroroso, sin embargo de antemano nunca está claro cual es la mejor manera de comportarse y de ahí es donde muchas veces surgen lo que se le llama enemigos. No hay peor enemigo que un enemigo inteligente, capaz de hacer planes minuciosos, de tender trampas o de engañar de mil maneras. Hay que pensar que los enemigos se presentan de mil maneras, solamente en el día de hoy cuantos encontraremos: mentirosos, ladrones, adúlteros, asesinos, envidiosos, egoístas, soba levas, culebras, etc. y sin embargo hay que tratarlos como seres humanos, porque son tan humanos como cualquiera de nosotros y por tanto son tan imprescindibles como la mandíbula inferior le es a la superior. Por malos que sean su humanidad coincide con la mía y la refuerza ya que me ayuda a encontrar la diferencia entre vivir bien y mal.
Cuando un ser humano me cae bien, no hay nada que pueda caerme mejor. ¿Acaso hay algo mejor que amar y ser amado?
Es bien cierto que al ser humano hay que tratarlo con sumo cuidado, con pinzas, porque es sumamente frágil en impredecible, ya que no es cualquier cosa, es un ser humano. Algunas cosas son claras con respecto al ser vivo llamado humano, veamos algunas: Quien roba, miente, traiciona, viola, mata o abusa de cualquier modo de otro ser humano, se está haciendo lo mismo asi mismo y por ende se está deshumanizando. Una de las características de los seres humanos es la gran capacidad de imitar, la mayor parte de nuestro comportamiento y de nuestros gustos es copiado de los demás, pelos pintados, parados, cortados, etc. ropas rasgadas, arrugadas, descoloridas, cortas, largas, etc. posiciones diferentes, etc. en todo aquello que llamamos civilización, cultura, etc., hay un poco de invención y muchísimo de imitación.
Muchas veces el ser humano se justifica constantemente, pero es mejor que te pongas en tu lugar, ya que si repartes enemistad, eso encontrarás o recibirás, lo mismo si tu comportamiento es hostil y despiadado, lo que lograrás es miedo y soledad.
No conozco gente que sea mala porque es feliz ni que martirice al prójimo como señal de alegría. El que colabora con la desdicha ajena o no hace nada para ponerle remedio... es síntoma que la está buscando, entonces que no se queje que anden tantos malos por ahí merodeando.
Hay personas que son “buenas”, pero si se les analiza, es fácil darse cuenta que son descarados canallas que sacan provecho de la buena intención de los demás y hasta de sus desventuras. No me parecen tan listos como ellos presumen ser. La mayor ventaja que podemos obtener de nuestros semejantes no es la posesión de más cosas o el dominio por sobre ellos, sino la complicidad y afecto de más seres libres.
Diferencias entre los que han nacido para ratón y los que han nacido para león. El ratón pregunta, ¿qué me pasará?, el león ¿qué haré? El ratón quiere obligar a los demás a que le quieran para así ser capaz de quererse asi mismo y el león se quiere asi mismo por lo que es capaz de querer a los demás. El ratón está dispuesto a hacer lo que sea contra los demás para prevenir lo que los demás puedan hacer contra él, mientras el león considera que hace favor de sí mismo todo lo que hace a favor de los demás. El ratón se fija en las faltas de ortografía, el león en el mensaje. ¿Ser ratón o ser león? e ahí el dilema......ponte en tu lugar.
TANTO GUSTO
Lo que se esconde morbosamente en toda esa obsesión sobre la inmoralidad sexual no es ni mas ni menos que uno de los más viejos temores sociales del ser humano: el miedo al placer. Y como el placer sexual destaca entre los más intensos y vivos que puede sentirse, por eso se ve rodeado de tan enfáticos recelos y cautelas. ¿Por qué asusta el placer? Supongo que será porque nos gusta demasiado. La verdad es que uno nunca se siente tan contento y de acuerdo con la vida como cuando goza, pero si se olvida de todo lo demás puede no durar mucho vivo.
El placer nos distrae a veces más de la cuenta, cosa que puede resultarnos fatal. Por eso los placeres se han visto siempre acosados por tabúes y restricciones, cuidadosamente racionados, permitidos solo en ciertas condiciones, etc.: se trata de precauciones sociales para que nadie se distraiga demasiado del peligro de vivir. Por otro lado están quienes disfrutan no dejando disfrutar. Tienen tanto miedo a que el placer les resulte irresistible, se angustian tanto pensando lo que les puede pasar si un día le dan de verdad gusto al cuerpo, que se convierten en calumniadores profesionales del placer.
Todo puede llegar a sentar mal o servir para hacer el mal, pero nada es malo sólo por el hecho de que te de gusto hacerlo. A los calumniadores del placer se les llama “puritanos”, pero...¿cómo descubrirlos?. El que asegura que la señal de que algo es bueno consiste en que no nos gusta hacerlo. El que siempre sostiene que hay más mérito en sufrir que gozar, (cuando en realidad puede ser más meritorio gozar bien que sufrir mal). Y lo peor de todo: el puritano cree que cuando uno vive bien tiene que pasarlo mal y que cuando uno la pasa mal es porque está viviendo bien. Por supuesto lo puritanos se consideran la gente más moral del mundo y además guardianes de la moralidad de sus vecinos, yo te diría que es más “decente” y más “moral” el sinvergüenza corriente que el puritano oficial. El puritanismo es la acción más opuesta que puede darse a la ética.
Los años nos van quitando sin cesar posibilidades de gozo por lo que no es prudente esperar demasiado para decidirse a pasarla bien. Pero esto no quiere decir que tengas que buscar hoy todos los placeres sino que debes buscar todos los placeres de hoy. No te obsesiones con meter a la fuerza en el instante en que vives los placeres que ten puedan provocar infelicidad, sino búscalo en lo que hay y que corresponde a tu libertad, sin remordimientos, sinvergüenzas y sin imbecilidades. No dejes que se te enfríe el huevo frito por esforzarte en contra de la corriente a conseguir hamburguesa ya servida por que le falta kétchup... Recuerda que lo placentero no es el huevo, ni la hamburguesa, ni la salsa, sino lo bien que tú sepas disfrutar con lo que te rodea.
Lo bueno es usar los placeres, es decir, tener siempre cierto control sobre ellos que no les permita revolverse contra el resto de lo que forma tu existencia personal. La diferencia entre el “uso” y el “abuso” es precisamente esa: cuando usas un placer, enriqueces tu vida y no sólo el placer sino que la vida misma te gusta cada vez más; es señal de que estás abusando el notar que el placer te va empobreciendo la vida y que ya no te interesa la vida sino sólo ese particular placer. El abuso del placer puede matar nuestra salud y nuestro cuerpo, o nos embrutece matando nuestra humanidad, nuestros miramientos con los demás y para con el resto de lo que constituye nuestra vida. Lo máximo que se puede alcanzar y lograr del placer es la alegría, si no es así estás dejando de ser humano y por lo tanto es un camino equivocado.
Quien tiene alegría ya ha recibido el premio máximo y no hecha de menos nada; quien no tiene alegría –por sabio, guapo, sano, rico, poderoso, santo, etc., que sea- es un miserable que carece de lo mas importante. Entonces el placer es lo mejor y deseable cuando sabemos ponerlo al servicio de la alegría, pero “no” cuando la enturbia o la compromete.
ELECCIONES GENERALES
Quizá vuelva apasionado al lector y lo saque de muchas realidades o lo ubique en su propia realidad, pero como lectura humanizadora es lo que deja al hacer una lectura minuciosa.
BIBLIOGRAFÍA
Savater Fernando (2002) Ética para Amador. En Weblioteca www.weblioteca.com.ar
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