Amloraluj/Ehageyak
Escrito por Julio Arnoldo Roldán Martínez
Amloraluj es un hombre que le tocó
transitar en la vida en medio de la adversidad y el placer, entre pobrezas y
riquezas, entre estudio y vagancia, entre borracheras e iglesia, entre el mundo
de honestidad y deshonestidad, en fin, una persona resiliente ante lo infame de
la vida, se desarrolló, creció y logró forjarse una personalidad intrigante,
entre servicio y desatención social, en fin su presencia está ahí, en una área
de trabajo donde no se logra identificar la lealtad de la traición, donde
cuesta entender la acción humana, donde la belleza aparente es más importante que la
naturaleza humana, en fin, el tiempo ha transcurrido y Amloraluj se ha creado
un espacio y ha impuesto su personalidad, criticado por muchos, admirado por
otros, en fin, a pesar de que se habla mucho de él, siempre lo ha tomado como
parte de la evolución humana, no se somete al juicio ajeno, para no perturbar
sus metas e ilusiones, simplemente transita en este mundo, demostrando que no
puede ser el mejor pero si alguien muy comprometido con lo que hace y pregona,
es práctico y selectivo, es cariñoso con quien lo acepta y trata de no hacerle
daño a nadie, se aleja de la destrucción sistemática entre semejantes.
Lo triste y a la vez interesante
de la vida de Amloraluj, es su relación con el sexo opuesto, es particular y
suigeneris, odiado y descalificado por unas y atractivo y salvaje para otras,
en fin una personalidad que no pasa desapercibida en ningún espacio donde haya
mujeres.
En ese recorrido de vida conoció a
una de las mujeres más hermosas que se le han cruzado en su corta vida, ella es
Ehageyak bella y más alta de lo común,
con el pasar de los años y en el proceso de construcción de la amistad entre
ambos, se fue convirtiendo en una amiga y confidente, en alguien en quien
confiar y con quien se puede platicar de todos los temas, con términos académicos,
con palabras vulgares, eso les llevó a una identificación entre ambos y a que
surgiera una amistad más allá de lo común, la fuerza de la atracción mutua les
hizo extrañarse el uno a la otra, sin haberse dado cuenta que pudiera estar
surgiendo más que una simple amistad.
Comentaban de todo, de penas, alegrías, fracasos, éxitos y
sueños, la simpleza con que veían la vida les hizo identificarse, ella muy
receptiva, cariñosa, comprensiva, a lo que él correspondía, compartían su sabiduría de vida y algunas
intimidades que solo la confianza provoca compartir.
Ella siempre lo molestaba con que
tenía muchas enamoradas, él no lo creía, sin embargo ella insistía que sus
enamoradas le llegaban a confesar el amor que sentían por Amloraluj, y él
siempre le recriminaba, que si fueran tan bellas como ella, no dudaría ni un
minuto en ceder a ciertas proposiciones, entre risas picaras y bromas serias,
muchas verdades se intercambiaban, aunque parece que había miedo de enfrentarse
a ciertas verdades invisibles emocionales que la convivencia iba fortaleciendo
conforme pasaba el tiempo, una acción no planificada.
La costumbre de verse e
intercambiar fue provocando cierta dependencia emocional, sin embargo reconocer
esa atracción es contraproducente por el estatus legal de dependencia emocional
de ella, pero muchas veces lo que no se dice es más evidente que lo que se
quiere ocultar y negar.
Cada vez que podía, ella le decía
que no fuera malo con sus enamoradas, que por culpa de hombres como él, había
mujeres frustradas, porque no les hacía caso, que algunas se morían por estar
con él, que ella sabía al menos de tres o cuatro mujeres que con ella se
confesaban para que le dijera lo enamoradas que ellas estaban de él, sin
embargo Amloraluj le insistía que si fueran como Ehageyak no lo dudaría ni un
minuto para compartir a otro nivel y brindarle todo lo que pudiera.
Y siempre le insistía en lo mismo,
que se sacrificara por sus compañeros porque había una que parecía que nunca
había recibido una profunda caricia varonil, parecía mojigata pero que con
Amloraluj se le alborotaban las pocas hormonas que le quedaban por la edad y
por el tiempo que aparentaba de no haber estado con un varón, por eso se
mantenía enojada y poco amigable, pero que con apretón y caricias pecaminosas,
le podría cambiar la vida.
Pasaba el tiempo, se repetía la
conversación y cada vez había más enamoradas, pero él siempre le contestaba que
tenía control de calidad y que a su edad era más selectivo para ese tipo de
ejercicios espíritu-materiales, y que la que realmente le atraía era ella,
aunque fuera prohibida, y que él no tenía la culpa de haberse enamorado de
ella, que era algo casi incontrolable, que le disculpara pero que era lo que
sentía por ella y necesitaba hacérselo saber.
Reían por la ironía de la cosas de
la vida, por lo contradictorio de las percepciones emocionales, como era
posible que él le gustaba a tres o cuatro del mismo círculo, pero que estaba
enamorado de una sola, de Ehageyak, la única que le hacía vibrar,
descontrolarse y sentir más de lo normal, por eso es que no se sabe explicar
eso que le denominan amor, no se le da a quienes lo piden y no lo recibe a
quien se le quiere dar.
Aunque no lo parezca ese amor se
construyó sin que naciera con esa intensión, es una verdad aunque se quiera
negar, lo que se ve y se siente no necesita explicarse, se percibe aunque no
sea lo correcto, lo correcto parece que no es humano.
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