martes, 3 de marzo de 2020


Amloraluj/Ehageyak
Escrito por Julio Arnoldo Roldán Martínez
Amloraluj es un hombre que le tocó transitar en la vida en medio de la adversidad y el placer, entre pobrezas y riquezas, entre estudio y vagancia, entre borracheras e iglesia, entre el mundo de honestidad y deshonestidad, en fin, una persona resiliente ante lo infame de la vida, se desarrolló, creció y logró forjarse una personalidad intrigante, entre servicio y desatención social, en fin su presencia está ahí, en una área de trabajo donde no se logra identificar la lealtad de la traición, donde cuesta entender la acción humana, donde  la belleza aparente es más importante que la naturaleza humana, en fin, el tiempo ha transcurrido y Amloraluj se ha creado un espacio y ha impuesto su personalidad, criticado por muchos, admirado por otros, en fin, a pesar de que se habla mucho de él, siempre lo ha tomado como parte de la evolución humana, no se somete al juicio ajeno, para no perturbar sus metas e ilusiones, simplemente transita en este mundo, demostrando que no puede ser el mejor pero si alguien muy comprometido con lo que hace y pregona, es práctico y selectivo, es cariñoso con quien lo acepta y trata de no hacerle daño a nadie, se aleja de la destrucción sistemática entre semejantes.
Lo triste y a la vez interesante de la vida de Amloraluj, es su relación con el sexo opuesto, es particular y suigeneris, odiado y descalificado por unas y atractivo y salvaje para otras, en fin una personalidad que no pasa desapercibida en ningún espacio donde haya mujeres.
En ese recorrido de vida conoció a una de las mujeres más hermosas que se le han cruzado en su corta vida, ella es  Ehageyak bella y más alta de lo común, con el pasar de los años y en el proceso de construcción de la amistad entre ambos, se fue convirtiendo en una amiga y confidente, en alguien en quien confiar y con quien se puede platicar de todos los temas, con términos académicos, con palabras vulgares, eso les llevó a una identificación entre ambos y a que surgiera una amistad más allá de lo común, la fuerza de la atracción mutua les hizo extrañarse el uno a la otra, sin haberse dado cuenta que pudiera estar surgiendo más que una simple amistad.
Comentaban de todo,  de penas, alegrías, fracasos, éxitos y sueños, la simpleza con que veían la vida les hizo identificarse, ella muy receptiva, cariñosa, comprensiva, a lo que él correspondía,  compartían su sabiduría de vida y algunas intimidades que solo la confianza provoca compartir.
Ella siempre lo molestaba con que tenía muchas enamoradas, él no lo creía, sin embargo ella insistía que sus enamoradas le llegaban a confesar el amor que sentían por Amloraluj, y él siempre le recriminaba, que si fueran tan bellas como ella, no dudaría ni un minuto en ceder a ciertas proposiciones, entre risas picaras y bromas serias, muchas verdades se intercambiaban, aunque parece que había miedo de enfrentarse a ciertas verdades invisibles emocionales que la convivencia iba fortaleciendo conforme pasaba el tiempo, una acción no planificada.
La costumbre de verse e intercambiar fue provocando cierta dependencia emocional, sin embargo reconocer esa atracción es contraproducente por el estatus legal de dependencia emocional de ella, pero muchas veces lo que no se dice es más evidente que lo que se quiere ocultar y negar.
Cada vez que podía, ella le decía que no fuera malo con sus enamoradas, que por culpa de hombres como él, había mujeres frustradas, porque no les hacía caso, que algunas se morían por estar con él, que ella sabía al menos de tres o cuatro mujeres que con ella se confesaban para que le dijera lo enamoradas que ellas estaban de él, sin embargo Amloraluj le insistía que si fueran como Ehageyak no lo dudaría ni un minuto para compartir a otro nivel y brindarle todo lo que pudiera.
Y siempre le insistía en lo mismo, que se sacrificara por sus compañeros porque había una que parecía que nunca había recibido una profunda caricia varonil, parecía mojigata pero que con Amloraluj se le alborotaban las pocas hormonas que le quedaban por la edad y por el tiempo que aparentaba de no haber estado con un varón, por eso se mantenía enojada y poco amigable, pero que con apretón y caricias pecaminosas, le podría cambiar la vida.
Pasaba el tiempo, se repetía la conversación y cada vez había más enamoradas, pero él siempre le contestaba que tenía control de calidad y que a su edad era más selectivo para ese tipo de ejercicios espíritu-materiales, y que la que realmente le atraía era ella, aunque fuera prohibida, y que él no tenía la culpa de haberse enamorado de ella, que era algo casi incontrolable, que le disculpara pero que era lo que sentía por ella y necesitaba hacérselo saber.
Reían por la ironía de la cosas de la vida, por lo contradictorio de las percepciones emocionales, como era posible que él le gustaba a tres o cuatro del mismo círculo, pero que estaba enamorado de una sola, de Ehageyak, la única que le hacía vibrar, descontrolarse y sentir más de lo normal, por eso es que no se sabe explicar eso que le denominan amor, no se le da a quienes lo piden y no lo recibe a quien se le quiere dar.
Aunque no lo parezca ese amor se construyó sin que naciera con esa intensión, es una verdad aunque se quiera negar, lo que se ve y se siente no necesita explicarse, se percibe aunque no sea lo correcto, lo correcto parece que no es humano.

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