EL ELOTE ROBADO
Escrito por Julio Arnoldo Roldán Martínez
Don Liberato se levantó muy temprano, había comenzado
el invierno y todo era felicidad, iniciaba la época de las siembras, las
primeras lluvias son una bendición de Dios decía Don Lato, había que aprovechar
para sembrar cualquier cosa, que todo se pegaría (germinar) y daría sus frutos.
Le emocionaba observar que todo se ponía verde en la
naturaleza, ese olor delicioso de la tierra mojada se convertía en el mejor de
los aromas, las plantas también sonreían, por fin se terminaba ese agotamiento
por falta de agua.
Prioritariamente Don Lato se dedicaba a sembrar maíz,
en pocos meses tenìa una milpa hermosa y esperaba los mejores elotes tiernos
para hacer atol, tamalitos o comerlos asados y cocidos, cuando estaban un poco
mas sazones le gustaba en tascalas o tortillas camaguas, el resto lo dejaba sazonar
y secar para tener maíz y las tortillas del año, se hincaba y le daba gracias
al creador de la naturaleza por tener alimento para todo el año.
Con gran cuidado y esmero cuidó su milpa, la limpio,
chapiò, calzò, abonò, fumigò, en fin todos los cuidados posibles para tener la
mejor cosecha y las mazorcas grandes y
sanas, pasaron los días, las semanas, las quincenas, los meses, regocijándose
de ver crecer esa milpa, inicio a candeliar, a florecer, se veía danzar a las
abejas en su proceso de polinización, comenzaron a brotar los jilotes que luego
se convertirían en elotes para dar lugar a las mazorcas y tener maíz nuevo, del
año.
Al ver eso, Don Lato se sentía el hombre más feliz de
la tierra agradecido con la madre de la naturaleza que a través de su creador
le había obsequiado, unos elotes que eran la envidia de todos los vecinos.
Una mañana le dijo a su esposa, prepárate porque hoy
comeremos elotes asados, iré a la milpa a traer, y a lo mejor haces atol y unos
tamalitos, agarró su costal, su machete y muy contento se dirigió a su siembra.
Cuando se preparaba para cosechar, se llevó la
sorpresa desagradable que le habían robado elotes, se puso muy triste, sin
embargo, le dio gracias a Dios que aún había y se dijo a si mismo, seguramente
son personas malas lo que hicieron esto pero que Dios les perdone y ojalá les
haya servido para quitarse el hambre y no para hacer negocio.
Un señor que pasaba por el lugar y al ver a Don Lato pensativo
cabizbajo sentado en una piedra le comentó que vio a don Herculano cortando
elotes en su milpa, y que seguramente se los había robado, pero que era un
hombre muy pobre y que seguramente por eso hizo esa ingratitud.
Cuando Don Lato pasó enfrente de la casa de Don
Herculano, escuchó que en la cocina tronaba algo, se acercó a observar y se dio
cuenta que estaban asando elotes y que los granos de maíz se reventaban y
tronaban, eso era el sonido que salía de la cocina, a su mente le vino algo que
le dijo su padre: mira hijo nunca robes nada, los elotes robados truenan, para
que la gente quede en evidencia que están comiendo elotes robados y quizá les
de vergüenza.
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