sábado, 24 de octubre de 2020

 

EL ELOTE ROBADO

Escrito por Julio Arnoldo Roldán Martínez

Don Liberato se levantó muy temprano, había comenzado el invierno y todo era felicidad, iniciaba la época de las siembras, las primeras lluvias son una bendición de Dios decía Don Lato, había que aprovechar para sembrar cualquier cosa, que todo se pegaría (germinar) y daría sus frutos.

Le emocionaba observar que todo se ponía verde en la naturaleza, ese olor delicioso de la tierra mojada se convertía en el mejor de los aromas, las plantas también sonreían, por fin se terminaba ese agotamiento por falta de agua.

Prioritariamente Don Lato se dedicaba a sembrar maíz, en pocos meses tenìa una milpa hermosa y esperaba los mejores elotes tiernos para hacer atol, tamalitos o comerlos asados y cocidos, cuando estaban un poco mas sazones le gustaba en tascalas o tortillas camaguas, el resto lo dejaba sazonar y secar para tener maíz y las tortillas del año, se hincaba y le daba gracias al creador de la naturaleza por tener alimento para todo el año.

Con gran cuidado y esmero cuidó su milpa, la limpio, chapiò, calzò, abonò, fumigò, en fin todos los cuidados posibles para tener la mejor cosecha y las mazorcas grandes  y sanas, pasaron los días, las semanas, las quincenas, los meses, regocijándose de ver crecer esa milpa, inicio a candeliar, a florecer, se veía danzar a las abejas en su proceso de polinización, comenzaron a brotar los jilotes que luego se convertirían en elotes para dar lugar a las mazorcas y tener maíz nuevo, del año.

Al ver eso, Don Lato se sentía el hombre más feliz de la tierra agradecido con la madre de la naturaleza que a través de su creador le había obsequiado, unos elotes que eran la envidia de todos los vecinos.

Una mañana le dijo a su esposa, prepárate porque hoy comeremos elotes asados, iré a la milpa a traer, y a lo mejor haces atol y unos tamalitos, agarró su costal, su machete y muy contento se dirigió a su siembra.

Cuando se preparaba para cosechar, se llevó la sorpresa desagradable que le habían robado elotes, se puso muy triste, sin embargo, le dio gracias a Dios que aún había y se dijo a si mismo, seguramente son personas malas lo que hicieron esto pero que Dios les perdone y ojalá les haya servido para quitarse el hambre y no para hacer negocio.

Un señor que pasaba por el lugar y al ver a Don Lato pensativo cabizbajo sentado en una piedra le comentó que vio a don Herculano cortando elotes en su milpa, y que seguramente se los había robado, pero que era un hombre muy pobre y que seguramente por eso hizo esa ingratitud.

Cuando Don Lato pasó enfrente de la casa de Don Herculano, escuchó que en la cocina tronaba algo, se acercó a observar y se dio cuenta que estaban asando elotes y que los granos de maíz se reventaban y tronaban, eso era el sonido que salía de la cocina, a su mente le vino algo que le dijo su padre: mira hijo nunca robes nada, los elotes robados truenan, para que la gente quede en evidencia que están comiendo elotes robados y quizá les de vergüenza.

 

 

 

 

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