sábado, 24 de octubre de 2020

 

EXISTENCIA FRÀGIL

Escrito por Julio Arnoldo Roldán Martínez

Al principio de su existencia el ser humano es más humano que nunca, noble, inquieto, cariñoso, sin malicia, amable, educado, empático, divertido, noble, respetuoso, un ser que con el tiempo va cambiando, se va haciendo duro, meticuloso, selectivo, aunque si se lo propone mantiene mucho de lo que tenía en sus inicios.

Lamentablemente, llega a los extremos y se vuelve creído, arrogante, egoísta, ególatra, sabio, en busca de vida en Marte, porque la Tierra le queda pequeña para su mentalidad explotadora, deja de amar sinceramente y sin interés. Tenemos gran capacidad para hacer un infierno del cielo o un cielo del infierno. Se ufana alaraqueando que ya conquistó la luna, pero no ha aprendido a respetar la naturaleza y la vida, lo ha encandilado la tecnología, cree saberlo todo, quien no es tecnológico es inútil, según su poca visión de vida.

Desprecian con facilidad a quien no se pliega a sus caprichos y necesidades explotadoras, donde lo material es más importante que lo espiritual y su esencia humana, su cruda realidad se esconde bajo una apariencia que no le pertenece.

Algunos presumen títulos que no son capaces de representar dignamente, pero creen que con ser graduados universitarios ya son sabios, no sabiendo que los “cartones” no dan conocimiento.

El ser humano es tan poco evolucionado que le ha dado un nombre a cada día de su pobre existencia, día del ingeniero, día del pedagogo, día del maestro, día del psicólogo, día del árbol, día de los desaparecidos, día del perro callejero, día de jugar con arena, día del zurdo, día del beso, día del sin día, en fin, parece que trata de darle sentido a su día, día.

Con todos los avances científicos que ha desarrollado y de los que se ufana, hasta desconocer al creador de la vida, ha demostrado su fracaso frente a acontecimientos vitales como la pandemia del COVID-19, es tal la ignorancia que se ha tenido que dejar llevar por lo que otros opinan con el mismo nivel de desconocimiento, ni el lenguaje binario ni los algoritmos mejor concebidos, le han ayudado a resolver la ecuación compleja del virus, lo más interesante es que sabe que se muere con jabón o alcohol, su constitución viral, los medios de contagio, su composición celular-molecular, pero no sabe cómo combatirlo cuando invade el cuerpo humano, paradojas de la vida, sabe cómo se muere pero no como matarlo, por eso no ha logrado una vacuna o un tratamiento que evite la muerte y el colapso de la economía mundial.

No es el primer fracaso frente a una enfermedad, se pueden enlistar múltiples enfermedades que atacan al ser humano y que no existe una cura para hacer más agradable la existencia material.

Ahora sí se desplomó toda esa arrogancia y desprecio por los semejantes, está volviendo a sus raíces espirituales, invocando al creador de la vida, la naturaleza y cuanto existe terrenalmente, en circunstancias adversas, exige empatía y misericordia, sabiendo que ha sido rencoroso y vil.

Como dijo Eduardo Galeano, “sueñan las pulgas con tener su propio perro”.

 

 

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