EXISTENCIA FRÀGIL
Escrito por Julio Arnoldo Roldán Martínez
Al principio de su existencia el ser humano es más
humano que nunca, noble, inquieto, cariñoso, sin malicia, amable, educado,
empático, divertido, noble, respetuoso, un ser que con el tiempo va cambiando,
se va haciendo duro, meticuloso, selectivo, aunque si se lo propone mantiene
mucho de lo que tenía en sus inicios.
Lamentablemente, llega a los extremos y se vuelve creído,
arrogante, egoísta, ególatra, sabio, en busca de vida en Marte, porque la
Tierra le queda pequeña para su mentalidad explotadora, deja de amar
sinceramente y sin interés. Tenemos gran capacidad para hacer un infierno del
cielo o un cielo del infierno. Se ufana alaraqueando que ya conquistó la luna,
pero no ha aprendido a respetar la naturaleza y la vida, lo ha encandilado la
tecnología, cree saberlo todo, quien no es tecnológico es inútil, según su poca
visión de vida.
Desprecian con facilidad a quien no se pliega a sus
caprichos y necesidades explotadoras, donde lo material es más importante que
lo espiritual y su esencia humana, su cruda realidad se esconde bajo una
apariencia que no le pertenece.
Algunos presumen títulos que no son capaces de
representar dignamente, pero creen que con ser graduados universitarios ya son
sabios, no sabiendo que los “cartones” no dan conocimiento.
El ser humano es tan poco evolucionado que le ha dado
un nombre a cada día de su pobre existencia, día del ingeniero, día del
pedagogo, día del maestro, día del psicólogo, día del árbol, día de los
desaparecidos, día del perro callejero, día de jugar con arena, día del zurdo, día
del beso, día del sin día, en fin, parece que trata de darle sentido a su día,
día.
Con todos los avances científicos que ha desarrollado
y de los que se ufana, hasta desconocer al creador de la vida, ha demostrado su
fracaso frente a acontecimientos vitales como la pandemia del COVID-19, es tal
la ignorancia que se ha tenido que dejar llevar por lo que otros opinan con el
mismo nivel de desconocimiento, ni el lenguaje binario ni los algoritmos mejor
concebidos, le han ayudado a resolver la ecuación compleja del virus, lo más
interesante es que sabe que se muere con jabón o alcohol, su constitución viral,
los medios de contagio, su composición celular-molecular, pero no sabe cómo
combatirlo cuando invade el cuerpo humano, paradojas de la vida, sabe cómo se
muere pero no como matarlo, por eso no ha logrado una vacuna o un tratamiento
que evite la muerte y el colapso de la economía mundial.
No es el primer fracaso frente a una enfermedad, se
pueden enlistar múltiples enfermedades que atacan al ser humano y que no existe
una cura para hacer más agradable la existencia material.
Ahora sí se desplomó toda esa arrogancia y desprecio
por los semejantes, está volviendo a sus raíces espirituales, invocando al
creador de la vida, la naturaleza y cuanto existe terrenalmente, en
circunstancias adversas, exige empatía y misericordia, sabiendo que ha sido
rencoroso y vil.
Como dijo Eduardo Galeano, “sueñan las pulgas con
tener su propio perro”.
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