sábado, 24 de octubre de 2020

Se llama Juan

Autor: Julio Arnoldo Roldán Martínez

De menuda constitución física, Juan se encamina presuroso a prestar sus servicios, que es el medio de subsistencia adoptado para poder agenciarse unos centavos que contribuyan a la economía familiar.

Tiene una rutina establecida, se levanta a las 5:30 de la mañana, y el primer acto que realiza es orar al Creador con todo su corazón, fe y esperanza, convencido que es el único soporte moral y físico que lo impulsa a seguir adelante.

Cuando hay, desayuna café con pan, y si la suerte le acompaña, una buena tortilla con frijoles, -se siente muy feliz-

Para sobrevivir trabaja de lustrar zapados de lunes a viernes desde las 6:30 hrs. a 18:00 hrs. en la banqueta al frente de un elegante edificio de oficinas en una zona exclusiva de la ciudad capital de Guatemala.

Sabe que le irá bien, pues su Dios no le abandona nunca, siente su presencia y empuje.

Se acerca su primer cliente, es un hombre alto, de complexión fuerte, elegantemente vestido, y que en su rostro refleja preocupación.

Juan con sonrisa a flor de labios coloca su caja debajo del zapato de aquel hombre

-¿cuánto vale el lustre, vos patojo?-

-Muy buenos días señor, vale Q.3.00-

Aquel hombre, mostró su asombro por la buena educación del jovencito y replicó.

-Buenos días muchacho, un buen lustre por favor-

El hombre intrigado, inició una pequeña charla con el jovencito lustrador.

-¿Cómo te llamas vos?-

-Me llamo Juan, pero en inglés se dice Jhon-,

jajaja, ríe a carcajadas, por la respuesta de Juan.

- ¿y de dónde eres? -

-de Uspantán, Quiché- - tengo 14 años, por si me va a preguntar-,

jajaja, ríe aquel hombre, al encontrarse con tan inteligente y vivás muchacho.

-Pero parecés de 7-, replico aquel hombre.

Juan responde: -Pues si verdad don, que puedo hacer, Dios me hizo chiquito y así me siento feliz-

-¿Pero…, estás estudiando o no?-

-Si los sábados y estoy en segundo básico, le voy a echar ganas porque mi sueño es ser licenciado, doctor o soldado-.

Le pagó al joven, y le dijo: - me has dado una gran lección de vida-.

-Que Dios le bendiga, señor- replicó Juan.

Aquel hombre impresionado por la forma de expresarse de Juan, olvidó porqué estaba preocupado y durante el día pasó pensando, que la felicidad se encuentra en las cosas sencillas y en la ingenuidad y esperanza de los niños.

  

No hay comentarios:

Publicar un comentario