Se llama Juan
Autor: Julio Arnoldo Roldán
Martínez
De menuda constitución física, Juan se encamina
presuroso a prestar sus servicios, que es el medio de subsistencia adoptado
para poder agenciarse unos centavos que contribuyan a la economía familiar.
Tiene una rutina establecida, se levanta a las 5:30 de
la mañana, y el primer acto que realiza es orar al Creador con todo su corazón,
fe y esperanza, convencido que es el único soporte moral y físico que lo
impulsa a seguir adelante.
Cuando hay, desayuna café con pan, y si la suerte le
acompaña, una buena tortilla con frijoles, -se siente muy feliz-
Para sobrevivir trabaja de lustrar zapados de lunes a
viernes desde las 6:30 hrs. a 18:00 hrs. en la banqueta al frente de un
elegante edificio de oficinas en una zona exclusiva de la ciudad capital de
Guatemala.
Sabe que le irá bien, pues su Dios no le abandona
nunca, siente su presencia y empuje.
Se acerca su primer cliente, es un hombre alto, de
complexión fuerte, elegantemente vestido, y que en su rostro refleja
preocupación.
Juan con sonrisa a flor de labios coloca su caja
debajo del zapato de aquel hombre
-¿cuánto vale el
lustre, vos patojo?-
-Muy buenos días señor,
vale Q.3.00-
Aquel hombre, mostró su
asombro por la buena educación del jovencito y replicó.
-Buenos días muchacho, un
buen lustre por favor-
El hombre intrigado,
inició una pequeña charla con el jovencito lustrador.
-¿Cómo te llamas vos?-
-Me llamo Juan, pero en
inglés se dice Jhon-,
jajaja, ríe a
carcajadas, por la respuesta de Juan.
- ¿y de dónde eres? -
-de Uspantán, Quiché- -
tengo 14 años, por si me va a preguntar-,
jajaja, ríe aquel
hombre, al encontrarse con tan inteligente y vivás muchacho.
-Pero parecés de 7-,
replico aquel hombre.
Juan responde: -Pues si
verdad don, que puedo hacer, Dios me hizo chiquito y así me siento feliz-
-¿Pero…, estás
estudiando o no?-
-Si los sábados y estoy
en segundo básico, le voy a echar ganas porque mi sueño es ser licenciado,
doctor o soldado-.
Le pagó al joven, y le
dijo: - me has dado una gran lección de vida-.
-Que Dios le bendiga,
señor- replicó Juan.
Aquel hombre impresionado por la forma de expresarse
de Juan, olvidó porqué estaba preocupado y durante el día pasó pensando, que la
felicidad se encuentra en las cosas sencillas y en la ingenuidad y esperanza de
los niños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario